Éramos 14 personas, con reserva, en la terraza y la mesa la acercaron mucho al barandal, por lo que el mesero solo podía servir desde un lado de la mesa. Y si éramos tantos, debían al menos mandar a dos meseros ya que el muchacho se confundió con las órdenes y a la hora de traerlos decían en voz alta el nombre de los platillos para que cada uno fuera levantando la mano, lo que no me parece de lo más adecuado. La entrada que se pidió la llevaron después del plato fuerte y a uno de los comensales no se le llevó su bebida hasta el final. Después que pagamos, nisiquiera nos voltearon a ver por si necesitamos cubiertos o algo por el estilo para cortar el dulce de cumpleaños que habíamos llevado, lo que es algo muy frecuente en otros restaurantes.
