Mi primera aterrizada en este restaurante. Fuimos al servicio religioso en mi vieja Iglesia de la Merced. Añales en no visitarla. Bella como siempre. Luego cruzamos la calle y probamos el brunch. El local renovado recientemente con buen gusto, mezcla la actual moda de lo antiguo con lo moderno. El decorador lo logró. El añejo edificio, con su elevado techo, inexistente en la económica y pilinque arquitectura contemporánea lo hace agradable y da sensación de espacio. Sus dos enteradas hace fácil su acceso, quiero decir: por al Parque Tomás Herrera y por la Avenida Central. Sus mecedoras antique y baldosas recién envejecidas para los turistas se entrelazan en una buena simbiosis. El mesero atento hizo su trabajo sin las usuales equivocaciones. Retorno rápido de lo ordenado. Como era un brunch los Huevos Benedictinos y el cerdo adobado sobre patacones (un poco picantes, no aptos para los que no les gusté este condimento) para mi gusto estuvieron excelentes. Los precios son competitivos y buenos para lo que vemos en la plaza. Volveré a cenar.
