Nos atendió Camilo: muy atento, amable y atinado con las recomendaciones de platos del restaurante. Recibimos una excelente atención desde el valet parking hasta los meseros. El ambiente del restaurante es perfecto para echar cuentos con amigos (con un límite de 6 personas por mesa) y se siente seguro ya que cuenta con todas las medidas de bioseguridad y distanciamiento social. De entrada pedimos una tabla de antipasto que incluía prosciutto, mortadella italiana, salchichón, salami, burratta, tomates secos y alcachofas; un carpaccio de res, focaccia y almejas. Plato fuerte una cotoletta de cerdo, rib eye, pasta a la bolognesa y un rigattoni a la amatriciana. De postre un tiramisú, flan de la casa y cappuccinos. Todos los platos desde la entrada hasta el postre con una explosión de sabores, puntos de cocción perfectos: estaba tan irresistible que no alcanzó tomar foto mas que del tiramisú. Definitivamente es un lugar al que volvería para degustar platos italianos auténticos, recibir una atención de calidad y estar en un ambiente seguro y agradable.

