Llegamos un día del padre, restaurante lleno - mormal; 15 minutos nos sentamos a una mesa, 10 minutos luego nos toman el pedido; ni agua ni cafés por los próximos 40 minutos; las mesas ya vacías, sucias, las meseras incapaces de limpiarlas; 30 minutos después empiezan a llegar los platos, de a poco. El ambiente ya se agrió, lo que debía ser una buena velada, hace rato se perdió. Entre la desatención, la tardanza, el sitio sucio, las meseras perezeando, qué mal ha caído el restsurante.
