Hace tiempo que quería conocer este restaurante porque me encanta la comida mediterrànea. No me decepcionó. Tiene una carta amplia con opciones vegetarianas, la decoración es hermosa y a la vez hogareña, muy acogedora. La comida deliciosa y el mesero que nos tocó muy atento. Ciertamente las porciones son pequeñas, hay que pedir varias órdenes. Probamos spabanopita y berenjenas fritas. De platos fuertes: pulpo a la parrilla, sublaki de pollo y de cerdo y un filete de pescado. De postre gakactoburiko, buñuelos con helado y yogur con miel y nueces. Tan rico estaba todo que me olvidé de tomar fotos. Volveré sin duda alguna, varias veces. Me extrañó que el restaurante estaba lleno a las 2 pm cuando veo tantos buenos negocios vacíos, entiendo que la razón es la calidad y el servicio
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