Relación costo-beneficio, simplemente desproporcionada. Vamos, por dónde empezar? Bebidas, OK. Aperitivos: más o menos, donde lo salvable y memorable fueron las croquetas de queso y jamón. Los palitos con mantequilla también entretuvieron. El jamón español y el carpaccio: decentes. Al pasar a los platos fuertes fue donde se empezaron a ver fallas imperdonables. Las pastas calientes mientras que la carne y el puré sumamente fríos. Pedimos que calentaran el plato aún cuando la carne estaba cruda y lo regresaron exactamente igual. El risotto pareció según los comensales más guacho de marisco que otra cosa. Fue tal el mal trip que ni postre pedimos. Nada para deslumbrarnos ofreció este lugar.




