El estacionamiento sin problemas. El ambiente de cafetería regular, sigue igual, no le han invertido en años. Hoy probamos las almejas al gusto, la paella y escalo pines de res al vino. La salsa de las almejas fue lo mejor de la comida. Pedimos pancito para chupar y rechupar la deliciosa salsita al ajillo. La paella estuvo regular tirando a mal, seca, sin ingredientes y con bastante arroz insípido. Un huevo duro, dos langostinos de 4 centímetros y dos rueditas de calamar representaron a las proteínas. Los escalopines un poco salados para mi gusto, de buen sabor, fueron acompañados de unos patacones bien hechos pero duros y fríos. El servir casi inmediatamente después de ordenar los platos, me hace pensar que la comida al estar elaborada con bastante antelación pierde su frescura. El mesero sonriente representó a la mayoría de los existentes en la Capital. Creo que en adelante cuando vaya a esta cafetería, lo apropiado será ordenar los fabulosos emparedados que en ella se preparan. La cervecita panameña (la amarguita), acompañaron bien a las almejitas.
