Cada vez que voy me siento como en casa, los meseros tienen tan buena memoria que recuerdan el nombre de mi hija cada vez que vamos. La comida es de las mejores en Panamá desde el pan de la casa hasta el flan de postre. El ambiente es privado y familiar. Ojo con el horario, pues cierran en las tardes y vuelven a abrir para la noche

