Una de esas raras noches que se pasa por la Calzada de Amador y te percatas que hay estacionamientos libres y sin la fila que siempre hay en su entrada. Recuerdo haber ido hace como 6 años, pero se había hecho difícil llegar con tanta popularidad que había logrado y desconocía la razón. Pues esa noche la descubrí, bueno recuerden que estaba bastante vacío. Primero la atención se ha actualizado, no relacionaba este restaurante con amplias sonrisas, el trato cortés y atento. Segundo, la atención fue bastante rápida. Tercero las instalaciones parecen nuevas o excelentemente bien conservadas. Y por último sus precios son muy accesibles, reconozco que no son los mega platos hiper calóricos que nos hacen remordernos la conciencia y planear dos días de ayuno e ida al gym, pero si son los sabores clásicos de nuestra cocina en cantidades y calorías aceptables. Su deficiencia son los postres, escasos en el menú y los comunes de todos los restaurantes. Para ser un restaurante llamado Mi Ranchito esperaba los deliciosos postres de nuestra amplia y variada cocina típica.


