Una noche sin rumbo definido aterrizamos en ésta estupenda parilla y fue un acierto total. En una mesa redonda amplia estuvimos la mar de a gusto. La carne hizo las delicias de los más carnívoros y la bola de pan con mantequilla al empezar nos salto lágrimas de alegría. Las ensaladas un poco pobres, el camarero demasiado parlanchín, olvidaba en su charla reponer las bebidas. El resumen, divertido y con retorno.
