La primera vez que vine a este restaurante fue hace por lo menos 2 años y medio, y regresé recientemente. Son dos restaurantes diferentes, el de entonces y el de ahora. Lindo ambiente, buena decoración con opción de comer afuera, y excelente música en vivo. El servicio es un poco lento, pero bueno. La comida estuvo buena, y cabe resaltar que el menú logró hacerme comer pollo (el cual no consumo mucho cuando como en restaurantes). El salmón de mi hermana estaba simplemente exquisito, y la sangría blanca con toques de maracuyá no gustó a mis padres, pero la encontré riquísima. Es uno de los restaurantes que más recomiendo a mis huéspedes.
