Comida
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Ambiente

Uno de los mejores restaurantes de Panamá, lleno de personalidad, buen gusto y saber hacer. Todo, desde la amabilidad del personal cuando uno llega hasta la calidad del café que cierra la comida, invita a volver. Los platos tienen un equilibrio muy logrado entre originalidad, fusión bien entendida, frescura y seriedad. Concretando, no se pierdan los camarones en rösti de plátano, sabrosos y ligeros a pesar de la fritura; la ensalada de queso de cabra, en su punto justo de horno; la pizza de jamón serrano y brie, los dos de gran calidad; los ravioli de hongos, que envidiaría cualquier restaurante italiano de la ciudad; o la carne, tierna y hecha lo justo. Hasta la mantequilla de tomate que recibe al comensal está bien conseguida. La casita que alberga el restaurante es acogedora y amable. Tiene incluso un pequeño jardín (una verdadera rareza en Panamá) que hace muy agradable cenar en la terraza, viendo los cultivos de hierbas aromáticas plantados por el chef. Lo único criticable del local (por criticar algo del restaurante...) es quizá la decoración. Esas sillas de falso cuero verde combinado con mimbre y ese embiente criollo-setentero están pidiendo a gritos una renovación. Por lo demás, vayan esta misma noche si tienen la oportunidad. Eso sí, llamen antes para reservar, porque si no es muy probable que no puedan ni acercarse a una mesa.

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