Estuvimos el domingo para el almuerzo y como siempre la comida deliciosa. Su tortilla de patatas es a otro nivel, los callos estaban muy buenos tambien. La atencion del salonero Leo fue impecable. Y como siempre, es grato encontrarse con Geraldine la dueña, quien te hace sentir en casa con su ameno recibir. El ambiente super agradable, a pesar de que no tenian aire por una falla electrica. Ni siquiera hiso falta. En fin siempre volveremos ya que es una sabrosa experiencia, este restaurante....!
