Me gusta mucho la cocina hindú, como nunca he estado en la India, pues no podría referirme a su autenticidad o compararla con otras referencias, pero de las efímeras opciones que ha habido aquí en Panamá de cocina hindú, este ha sido el mejor. Para empezar, me gusta el ambiente, es muy casual y es el primer hindú que ha habido de este estilo, los anteriores o eran fonditas totalmente informales o sino el otro extremo exagerado de palacio de las mil y una noches, que por lo general se traduce en más precio y menos comida. En cuanto a la comida, cada vez que voy trato de ordenar algo distinto, y siempre es satisfactorio: Las entradas como samosas y pakoras, deliciosas, los arroces, exquisitos, los panes como el rotí y el nan, fantásticos para remojar en esas salsas picantes y espesas de los pollos, los vegetales y las lentejas... Qué decir del paneer, un queso fresco que se presenta en múltiples variaciones de salsas y curries, es lo mejor sin duda, también lo hay apanado en harina de garbanzo, un éxito. Y lo mejor son los precios que son extremadamente económicos en relación a la porción y la calidad. El que no esté familiarizado con este tipo de comida y no sepa qué ordenar, le recomiendo ir en almuerzo, donde por $7 podrá tener acceso a un buffet constituído por varios platos representativos de la gastronomía hindú. Por lo general incluye una o dos proteínas, un arroz, dos o tres vegetales, varios panes y frituras una sopita y postre y ensaldas. Respecto a las bebidas, es verdad que son muy dulces, pero tienen la finalidad ee mitigar el picante. Únicos contras: difícil estacionarse, y el servicio es medio flojo.
