Una experiencia maravillosa, me senté en una mesa en un balcón mirando a la plaza, se sentía súper íntimo y especial, nos recibieron con unas gyozas de pollo cortesía de la casa que estaban riquísimas; seguimos con un entrada de carpaccio, unos canelones de cochinillo y cerramos con broche de oro un postre de chocolate!! Todo esto acompañado de la buena atención del chico que nos atendió siempre con una sonrisa en la cara!! Súper recomendado.




