Soy un gran amante del casco antiguo y siempre que voy con algún turista Casablanca es parada obligada, entre la privilegiada ubicación, el ambiente acogedor, los insuperables mojitos y las nada despreciables caipirinhas. Casablanca termina siendo una excelente opción para cerrar una tarde de fotografías y caminata. Es una lástima que no se pueda decir lo mismo de su comida, la paella pareciera que la montaran con arroz viejo, y el pan de los sandwiches y hamburguesas deja mucho que desear ( la ciabatta chiclosa y el baguette reseco) parecen de supermercado. Espero que en mi próxima visita la experiencia sea mejor por que no es prudente caerse a tragos con el estómago vacío...
