He sido cliente de Bilal por muchos años, pero en los últimos tiempos he dejado de ir porque he sentido que la calidad de la comida ha decaído, quizás por el éxito del restaurante y la gran cantidad de gente que va. El servicio ha seguido bueno, pero la comida se empezó a sentir recalentada (especialmente los bocados fritos como el kibbeh y los falafels), y las porciones cada vez estaban más chicas. Esperé con anticipación la apertura de este nuevo local, pero lamentablemente no ha habido mejora. Pedimos una mesa libanesa, que llegó medio fría. La bandeja de carnes trae el mismo pollo sabroso de siempre, pero han reemplazado el filete de res con carne machaui, con porciones cada vez más chicas tanto del kafta como del pollo. La bandeja tampoco vino acompañada de las cebollas y tomates al carbón, como era usual en este plato. La ensalada fattoush vino sin su acompañamiento de pan frito crocante, y casi sin aliñamiento alguno. Tuve que devolver la ensalada y pedir que la corrigieran. Nos trajeron Noche Libanesa de postre. No sé si ahora es parte de la Mesa Libanesa pues antes no lo era, y no la habíamos ordenado. Pero tampoco fue igual que antes, que eran masitas rellenas de pistachos en una nata sobre miel. Este plato fue todo crema, poca miel, y nada de pistachos. La atención estuvo bien, sobre todo considerando que es un local nuevo y siempre hay ajustes. Bilal como siempre muy atento, saludando personalmente a los comensales, pero la cuenta fue altísima para que lo recibimos. 35 dolares por persona para comer kafta, 2-3 trocitos de pechuga, un kibbeh y un falafel cada uno, arroz y ensalada "en las rocas" es altísimo. Los precios están muy altos para la cantidad y calidad de la comida, sobre todo ahora con tantas alternativas libanesas.
