Fuimos a desayunar y nos pareció un restaurante muy bonito y acogedor con una decoración tipo vintage, la comida súper deliciosa y muy fresca puesto la preparan cuando una la pide y por esto la comida demora un poco en llegar a la mesa pero vale la pena la espera, igual uno no se da cuenta del tiempo que espera por la comida porque el ambiente es muy agradable y entre el capuchino y las conversa el tiempo se pasa rápido. Es un café para ir a conversar y pasar un buen rato entre amigo o familia. Es pequeño el lugar por lo que se llena bastante así que recomiendo ir temprano para poder agarrar puesto y no tener que esperar por mesa. El servicio el muy amable, atento y tratan dentro de lo que pueden en ser rápidos con los pedidos.




