Definitivamente el cariño y la pasión que tiene el chef se nota en cada detalle. Desde su amable atención personalizada hasta el fino trato de cada uno de su equipo colaborador. La comida fue exquisita. Comí Hallibut (primera vez en Panamá que lo pruebo pues sólo lo había comido en Norteamérica) en salsa de champaña que fue todo un éxito. La burrata de entrada es la mejor que he probado y la panna cotta con una textura muy suave y nada empalagosa. Entiendo que el lugar quiere verse físicamente como un ambiente casero pero pienso que se pueden hacer algunos arreglitos para hacerlo más acogedor. En cuanto pueda regresaré.
