Hoy quedamos tristes de visitar este lugar, siempre nos había ido muy bien hasta hoy. La atención fue fatal: los platos principales demoraron una hora en llegar, los acompañamientos llegaron cuando ya habíamos terminado el plato principal, la segunda botella de vino nunca llegó y para rematar el dulce que llevamos para celebrar el camarero lo partió fatal. El arroz estaba ahuchado. A favor, el ambiente muy elegante, las albóndigas, las almejas y los langostinos estaban ricos. No sé si volveremos.
