Un rincón que me agradó encontrar, pues la experiencia fue muy buena. Local acogedor con música de fondo perfecta, amable atención y una carta diversa tendiendo a la comida arabe, con ricas opciones. Pedimos el ajiaco y estaba monumental, la única falla es que no lo sirvieron con papitas colombianas pero se perdona. El Keba de carne en su punto y un buen jugo de fresa y la sangria terminaron de acompañar un delicioso almuerzo.



