Es un restaurante sencillo sin pretensiones, podríamos catalogarlo de honesto. Me contaron que tiene años y mantiene su calidad. Nos gustaron mucho las almejas y los mejillones. Yo comí un pollo servido a la griega, muy sencillo pero con sabor. Mis acompañantes comieron langostinos al ajo y a la griega que estaban muy sabrosos. En cuanto a los vinos no hay mucha variedad, bebimos un alvariño que estaba muy rico. Yo lo recomiendo para un almuerzo y comidas familiares. Siempre bienvenidos los restaurantes que perduran.
