Un ambiente moderno y acogedor, decorado con muy buen gusto. El mesero no deja escapar ningún detalle, desde encender la vela en la mesa tan pronto nos sentamos, hasta entregar las servilletas haciendo uso de utensilios para no tocarla con sus manos. Por la música y la baja iluminación me parece un lugar ideal para compartir con un grupo de amigos. Tienen una variada carta de vinos, cocteles y cervezas y una amplia variedad de sushi y entradas de todo tipo. Pedí como entradas los Porkbelly buns y el Steak tartar que es una delicia y lo presentan en una vasija de vidrio aun con el ahumado, hasta la entrega en la mesa (totalmente recomendado). El pan de la casa viene acompañado de una mantequilla trufada que debo señalar estaba divina, uno de los highlights de la noche. El otro gran ganador fue el cochinillo (plato fuerte) el cual se deshacía en la boca de lo tierno de la carne y exquisito sabor. Probé la entraña, que si bien estaba buena no tenia nada nuevo que aportar, el Rissotto Brutto si estaba riquísimo, cremoso y podías saborear los langostinos en cada cucharada. La única recomendación que les haría seria referente a los postres, probamos el postre de oreo con Nutella, q tenia buen sabor pero me gustaría q tuvieran mas opciones tipo pastel en el menu, ya que casi todas las opciones son a base de helado o acompañados por helado.




