Buena cocina. Los salva eso. La atención los ayuda mucho, pero los pobres dependientes no se dan abasto para tantos comensales. El ambiente es bonito pero estrecho y en este país, no hay ninguna calle donde un restaurante aguante dejar a sus comensales esperando mesa, a no ser que sea el chalet suizo o algo indudablemente de respeto culinario. Por sabor no hay queja, detallitos que rescatar. Buen ambiente con familia y amigos.
