El restaurante es una belleza, tiene un súper ambiente y una terraza espectacular, quizás lo único que yo cambiara es que a partir de las 9-9:30pm pusieron la música muy alta, lo que te impedía conversar sin verte en la necesidad de gritar. La atención es AAA+, quienes te atienden conocen el menú al revés y al derecho, lo que los hace tener la capacidad de poder sugerirte y explicarte lo que necesites. En cuanto a la comida, la misma es muy buena!! De entrada pedimos unos langostinos tempura y un rainbow roll, el plato fuerte un risotto de hongos con aceite de trufas y un pescado entero al horno, sin espinas, hecho con aceite de oliva y sal que estuvo espectacular!! De postre un cheesecake Makoto con sorbeto de piña culminaron la velada. Me gustó mucho, vale la pena volver!




