Es la segunda vez que voy y es realmente un placer recordar los sabores de una cocina española real. Sin variantes modernas busca recrear lo mejor del sabor tradicional de la comida española. El pulpo a la gallega insuperable, la tortilla española bien cocida y gustosa, el cochinillo con papas crujientes al horno exquisito y muy bien asado. Y para cerrar un postre que me encanta: el quesillo y dulce de membrillo. Volveré nuevamente a probar la paella. Es un lugar pequeño, sin ostentaciones pero muy cálido y Alejandro se acerca a la mesa para darte su saludo de bienvenida y posteriormente preguntar si te ha gustado la comida. Es una satisfacción comer allì. Me recuerda a alguna tasca madrileña donde el almuerzo se extiende hasta las 4 pm.
