Por casualidad pasé a este lugar, ya que almorzamos en el restaurante de al lado. Qué sorpresa tan grata! El ambiente divino, con esa decoración que relaja y te transporta al mundo del azúcar. El lugar es pequeño, pero acogedor. Excelente para un postre y un café. Tienen pastelería francesa y libanesa. Pedimos para llevar, galletas, tartaleta de fresa, pie de limón y mousse de chocolate. La presentación y la caja simplemente elegante y hermosa. Volveremos por más!!

