No conocía este restaurante cafetería a pesar de haber estado presente en el patio durante 33 años. El estacionamiento sin ser grande ayuda en el aterrizaje a medio día. Fui específicamente por el Caldo Gallego (solo los miércoles) me fue recomendado por un amigo. El lugar es amplio, sin ningún tipo de pretensiones, limpio. Una persona constantemente se encontraba aseando el piso. La mesera, una más. Nada que digamos: "que barbara". Ahora lo bueno, el Caldo Gallego estaba muy exquisito. Mejor de lo que me imaginé. Fue lo único que le mandé al estómago. Sus presitas de cerdo, el chorizo y los vegetales frescos en el caldo concentrado y para nada grasoso, estuvo delicioso. Lo mejor.....es el plato más barato del menú. Una cervecita Balboa (la que me gusta), bien fría, sirvió para aliviar la deshidratación que llevaba. Volveré un fin de semana cuando hacen el codillo. Preguntaré si hacen cordero otro día. Cambian el menú diurno, en las noches es a la carta.
