Cuando un familiar regresa de visita después de vivir años lejos, la verdadera bienvenida no está en los regalos, sino en los sabores que nos devuelven al origen. Preguntarle al sobrino de mi esposa, radicado en Estados Unidos desde hace tiempo, qué quería comer en su visita, tuvo una respuesta inmediata y contundente: carimañolas, hojaldra, tasajo, etc. No pidió alta cocina; pidió la esencia de nuestra tierra. Esa comida reconfortante que, al primer bocado, disuelve la distancia y lo hace sentir, aunque sea por un instante, de vuelta en casa. Gracias TRAPICHE, por mantener ese deseo de disfrutar de nuestros sabores.



