Otro fin de semana, otra salida familiar, y el regreso a un clásico reconfortante: Al Vecchio Forno. Es el tipo de restaurante al que vas con la familia sabiendo que todos encontrarán algo que les guste en el menú. Su propuesta gira en torno a platos tradicionales de la gastronomía italiana: recetas reconocibles, sabores que priorizan la técnica y el equilibrio antes que la extravagancia. Nada pretencioso. La cocina mantiene consistencia y eso, en restauración, vale oro. La atención, como siempre, fue uno de sus puntos fuertes. Servicio atento, cordial y eficiente. Los platos llegaron con rapidez —algo que se agradece cuando se va en familia— y bien presentados, con esa sensación de comida recién salida de cocina. El único detalle a considerar es el estacionamiento. Al estar ubicado sobre una vía bastante transitada, puede resultar incómodo encontrar dónde parquear. Sin embargo, no es un factor que opaque la experiencia. Un lugar que no busca sorprender con artificios, sino conquistar con consistencia.




