Lo primero que notas al entrar a Momo es la vibra: un mix buenísimo de nacionalidades, edades y estilos. No me lo esperaba y me encantó. Además, son pet friendly, un plus enorme. En esta primera visita probé dos platos del menú de desayuno y ambos me gustaron mucho: buena porción, sabor. También pedí dos cafés de la casa (sus especialidades) y los dos me parecieron excelentes; sin duda los volvería a pedir. Me quedé con ganas de seguir explorando el menú, así que definitivamente regresaré.




