Una esquina rodeada de verde y calma dentro de la ciudad. Al llegar al restaurante recibimos una muy amigable acogida. El mesero amablemente preguntaba por nuestras preferencias tanto en comodidad dentro del local como a la hora de comer. Se aseguró de preguntarnos por restricciones dietarías, para alguien libre de gluten una de sus recomendaciones fue la pesca del día. Milanesa Malfata: Una porción grande de lonja de res apanada, cubierta en una salsa de chorizo y tomates ahumados, hojas verdes y queso curado. La carne estaba suave y bien crujiente y su sabor de realza con la explosión de sabor umami que brinda la salsa y el queso. La mezcla de hojas ayuda a contrastar los sabores fuertes para que no se vuelva abrumador. Fue el plato estrella de la noche y recomendado para personas que les gusta sabores fuertes y textura. Pesca del día a la brasa: Filete de Róbalo a la brasa con un aceite o pesto de perejil. La carne del pescado se sentía muy limpia sin sabor a mar, lo cual permitía bailar con el sabor fresco y herbal de la salsa de perejil. Aunque me hubiese gustado sentir más el sabor de brasa, estuvo muy delicioso y lo recomendaría para personas que prefieran algo más ligero e incluso de cierta forma refrescante. Pesca del día con salsa cremosa: Acompañando Emulsión de colageno pescado con aceite de oliva crea una salsa muy cremosa similar a una mayonesa pero con un sabor muy diferente. La crema combinaba bien con la carne del pez. Una buena opción si quieren una opción diferente y curiosa. De acompañamiento la milanesa y uno de los pescados vinieron con papas fritas que son las más crujientes que probablemente he probado en la ciudad. Nunca se suavizaron y estaban bien sazonadas con una mezcla de polvo de paprika, perejil y sal. Quedo con las ganas regresar una segunda vez para probar sus cocteles y postres que nos recomendaron en esta vuelta pero que no pudimos probar.

