La vibra de lugar escondido nos encantó desde que llegamos. Ese ambiente de luces tenues crea un mood romántico, un poquito misterioso, y súper acogedor. El concepto de invernadero juega con la idea de plantas y naturaleza, haciendo que la experiencia se sienta diferente desde el inicio. Las papas con parmesano y truffle son un must absoluto: crujientes, llenas de sabor y de esas que uno no quiere compartir. Los nachos estaban deliciosos, y la trilogia invernadero tres mini hamburguesas cada una diferente a la otra bastante buenas pero muy comercial. De postre pedimos un helado con brownie que parecía una macetita super delicioso. Un spot perfecto para ir a descubrir, comer rico y dejarse sorprender.




