El ambiente es moderado pero muy acogedor, con buena música y atención excelente. El chico que nos atendió fue súper amable y siempre pendiente de nosotros. De entrada pedimos los jalapeño poppers rellenos de queso, ¡una bomba de sabor! Crujientes por fuera y cremosos por dentro, empezamos con el pie derecho. El pulled pork llegó con su pancito suave y encurtidos que equilibraban muy bien el sabor ahumado de la carne. El brisket fue de lo mejor de la noche: jugoso, tierno y con ese ahumado que se nota hecho con paciencia. Las mazorcas estaban deliciosas, con un toque picante de las especias que las hacía adictivas. Y para los niños, los pollitos empanizados fueron un éxito — doraditos, suaves por dentro y muy sabrosos. En resumen, todo estuvo excelente. Se nota el cariño y la técnica detrás del BBQ. Sin duda un lugar para repetir y seguir explorando el menú.




