Excelente comida en un ambiente relajado, fresco, alegre, amplio y acogedor. Nos sentamos frente a la cocina y los platos los preparan a la vista, con esmero y detalle. Muy recomendados la sopa de lenteja, raviolini de cordero con pesto de menta, gnocchi con fonduta de queso provolone y las pizzas artesanales en horno de leña. La atención amable y alegre, aunque algo distraída, inicialmente nos sirvieron tres rodajas de pan para nueve personas y nos trajeron un vino diferente al que ordenamos. Sin embargo, la experiencia total fue muy buena.




