Desde que llegamos supe iba a ser una gran experiencia. La señora Olga (creo que se llama así) nos recibió de manera muy cálida y atenta, hasta besito nos dio. Pedimos unos huevos rancheros con tortilla panameña, y estaban exquisitos. La porción: ¡enorme! Y hasta decoración con flores traía. Los batidos de fresa y moras están deliciosos. Y el café es refill. Definitivamente regresaré. Tienen un menú amplio y variado.

