Después de varias buenas experiencias en el restaurante de Gisela, en esta ocasión probamos los langostinos a la pedrada… simplemente espectaculares. Deliciosos, frescos y con ese sazón colonense que, como siempre, está fuera de serie. También pedimos un pollo frito acompañado de una ensalada riquísima y unos patacones perfectamente crujientes. Y ni hablar de la atención: 100 de 100. Definitivamente, cada visita supera la anterior y siempre te deja con ganas de regresar para probar otro plato más. Totalmente recomendado.
