Este restaurante queda -casi literalmente- entre las nubes. Puedes tocar la neblina que se mete por los amplios ventanales del salón y que por momentos impide apreciar la vista. El menú no es tan extenso pero sí interesante con platos exóticos, muy bien ejecutados y con una calidad y sabor sobresalientes. La atención se quedó un poco corta; pero puede mejorar. Subir al lugar puede ser una limitante por la sinuosidad, las pendientes y el estado de la carretera. Es recomendable reservar antes de ir.
